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martes, 28 de julio de 2015

Leviathan – Scar sighted (2015)


Indiscutiblemente, esta es una de las bandas pioneras del black metal gringo y después de períodos bastante tormentosos, pareciera ser que a estas alturas Jef Whitehead es ya un sobreviviente, de esa última camada del USBM, que tanto le ha dado a la música extrema en términos generales.

Después de más de una década, con subidas y bajadas, excesos, amistades rotas,  enajenaciones y demás experiencias, Wrest se ha ganado por si solo un sitial dentro del USBM, y no precisamente por ser un tipo gracioso y altamente popular en las redes sociales.

Como diríamos vulgarmente, el Wrest es un tipo denso, que se ha forjado un nombre y el respeto de todos, simplemente haciendo buena música. Cada uno de sus discos, representan una evolución respecto al anterior y este Scar sighted no es la excepción.

Posiblemente el Wrest es un tipo con una personalidad autodestructiva, que ha logrado canalizar todos sus miedos, rencores y frustraciones en su música y en su arte y esto, pareciera ser lo que le da el equilibrio y la tenue razón para seguir existiendo.

Personalmente, considero que este es el mejor disco que Jef Whitehead ha grabado hasta la fecha. Este resulta ser una amalgama de las diferentes versiones del Wrest. Por un lado está toda la vena más blackera propia de Leviathan, pero por el otro lado también está presente toda esa onda más ambiental y delirante de Lurker of Chalice, que igualmente estuvo presente en Twilight.

Scar sighted es un disco turbulento. No es un disco que entra a la primera escuchada, requiere su tiempo tiempo. Es un disco por demás oscuro y opresivo, pero en el fondo se vislumbra una leve luz redentora, posiblemente la razón que justifica y redime toda esa tristeza que flota a lo largo de todo el disco.

Fiel a la tradición de Leviathan, este disco es esencialmente un black metal duro e intenso. Bastante ortodoxo en algunos tramos, progresivo por momentos, ambiental o atmosférico en otros tramos, hasta sutilmente industrial en algunos pasajes, pero en líneas generales muy experimental e innovador.

Ahora, lo que de verdad hace innovador a este disco es como Whitehead logra combinar las partes duras y pesadas con fragmentos más ambientales y hetéreos, que logran darle a este trabajo, una atmosfera muy especial, asfixiante por momentos e inquietante en otros. Y es que precisamente es aquí donde se refleja el genio y el estilo del Wrest, un estilo propio, muy peculiar e inconfundible.

Obviamente, Wrest es quien se hace cargo de todos los instrumentos, siendo la base del disco la batería, pero dependiendo de la canción, a veces se inclina más por esos riffs intrincados y caóticos o por momentos se deja dominar por la premura y la cadencia de unos bajos casi trituradores y agobiantes.

La voz es otro de los puntos altos del disco. En términos generales es prácticamente imposible entender lo que canta (por más de seguir las letras). 

Las voces son por momentos guturales o a veces chillonas, o incluso limpias, pero que siempre están en otro plano, como susurros o vociferaciones que provienen desde lejos o desde las profundidades de algún lado. Y esta es otra de las facetas del Wrest, la versatilidad para poder cantar en estilos y en tonos tan diferentes, dependiendo del ambiente que se vaya desarrollando en cada canción.

Para terminar de cerrar todo este proceso creativo y conceptual, es el mismo Wrest quien se hace cargo de todo el arte. El disco viene acompañado de una serie de dibujos, por demás oscuros e inclusivo bastante siniestros, mismos que reflejan a la perfección la línea en la cual va todo el disco.

Como decía al principio, Jef Whitehead es un sobreviviente de su generación, y pese a algunos altibajos, su música ha logrado persistir. Uno de los mejores discos de los últimos años en este estilo de música y de lo mejor en lo que va del año.


jueves, 24 de mayo de 2012

Lurker of Chalice – Lurker of Chalice (2005)



El mundo de la música siempre se ha caracterizado por la existencia de esos personajes polémicos: las super estrellas, los rebeldes, los incomprendidos, los contestatarios o los realmente “controversiales”.

Sin ninguna discusión, Jeff Whitehead (más conocido como Wrest o simplemente W.) corresponde y con suficientes méritos, al último grupo.

Whitehead, pertenece a una camada de músicos por demás extrema. Nos referimos a un grupo de élite radicado en Chicago, que ha sido responsable de sentar las bases del nuevo Black Metal vanguardista norte americano. A este selecto grupo, pertenecen también Neill Jameson (Imperial, Krieg), Scott Conner (Xasthur) y por supuesto Blake Judd (Nachtmystium). Todos ellos emparentados además con Twilight.

Posiblemente, W., fue uno de los hombres más controvertidos de la escena norte americana de los últimos años, luego de haber sido detenido y recluido en prisión, por fuertes acusaciones. Según fuentes oficiales, por haber “tatuado” a su novia, más allá de donde debía. A lo cual, Judd declaraba: Es todo mentira, todos sabemos que Jeff, es un tipo bastante paranoico, pero no es ningún psicópata. Finalmente y luego de este turbulento episodio, Whitehead fue liberado después de pagar una fuerte suma de dinero por la fianza. El resultado de todo aquello, fue el disco de Leviathan del 2011: True traitor, true whore. El titulo habla por sí solo. 

Entonces, la pregunta que nos hacemos, es ¿Qué puede pasar por la cabeza de un personaje tan singular?.

Los inicios de Wrest se remontan a su primer proyecto en solitario, Leviathan, con el cual grabaría algunos de los primeros discos de black metal, que ya daban algunas señales vanguardistas e indicaban que algo nuevo se estaba gestando en la música extrema norte americana, específicamente, en Chicago. Tentacles of whorror, es la prueba de ello.

En el 2005, Wrest dio un giro a su sonido, adentrándose a explorar nuevas ideas y dimensiones, que no había podido desarrollar con Leviathan. El resultado de ello, fue este Lurker of Chalice (reditado en el 2009). 

A todas luces este es un disco extraño. Es uno de esos discos inquietantes. Para que se entienda lo que digo, al escuchar el disco, uno puede identificarse con uno de los típicos personajes de los cuentos de H.P. Lovecraft, que escuchan cierta música extraña, a la vez cautivante, pero espeluznante, ya que en el fondo sienten que hay algo siniestro en todo ello, algo inquietante, como que existe una sombra maligna “acechando” en algún lugar. Es algo así lo que transmite este disco.

Alguna vez comentábamos con los seres del Abismo, que muchas veces, los límites en una banda, lo dan el resto de los miembros, hasta alcanzar un equilibrio. En este caso, la creatividad y el desenfreno de W. parecería no tener límites, salvo el de su propia cordura. Este es un disco que despega en las primeras canciones y luego se queda allí arriba, como suspendido, planeando sin un rumbo aparente, hasta que de pronto aterriza con mucha dificultad. En ese momento, uno recién adquiere consciencia de que el viaje ha terminado y que en todo este viaje ha sido sometido a diferentes estímulos, alcanzando por momentos y por así decirlo, un estado de gracia.

Más allá de estas alucinaciones, en lo personal creo que musicalmente hablando, este disco es una de esas extrañas joyas. El disco, tiene el mérito y la virtud de haber alcanzado un nivel musical que hasta ese momento muy pocas bandas habían logrado. Incluso me animaría decir que hasta en ese entonces, no había ninguna banda norte americana haciendo algo parecido.

En términos generales, es un disco bien denso. Es melancólico, con un aire bastante oscuro, pero por otro lado es extremadamente experimental y sin embargo demasiado melódico, haciendo evidentes, ciertos atisbos de luz en toda esa oscuridad.

Me resulta complicado definir el estilo del disco en sí, ya que es una amalgama de sonidos, estilos y sensaciones. En general, el disco se mueve en un plan más ambiental con una fuerte traza de melancolía como hilo conductor, al cual se van sumándose progresivamente diferentes elementos.

Abre el disco una marcha lenta casi épica a manera de introducción, que culmina con el graznido de unos cuervos, dando lo lugar al siguiente corte que empieza con una introducción acústica y de repente, sin ningún aviso, una ráfaga del black más crudo ataca a tus sentidos.

Con las tres primeras canciones uno podría esperar que el disco se moverá en esa misma línea blackera, un poco tirada a Leviathan, pero sin ese componente caótico y abrumador tan característico. La ilusión es pasajera, a partir de la cuarta canción, Whitehead, se embarca en un viaje turbulento y nebuloso. Ya no hay vuelta atrás.

De aquí en delante, predominan como partes estructurantes de las canciones, los teclados en un plan más ambiental, con partes drone e incluso fragmentos hasta épicos, si vale el término.

Las voces también tienen lo suyo en este disco, W. hace una vez más gala de su talento como vocal, demostrando un abanico de facetas. Y bueno, al respecto, también mencionar que Whitehead es quien toca prácticamente todos los instrumentos en el disco, siendo su fuerte la batería y el bajo.

Las guitarras son pesadas y densas, pero melódicas y además, tienen la particularidad de ser muy melancólicas, frías por momentos, incluso daría la sensación de que en muchas partes las melodías se van diluyendo.

No sé si en términos generales este disco pueda etiquetarse hasta como de “trip-hop oscuro”, pero la verdad es que en muchos pasajes, Wrest tiene la capacidad de dejarnos prácticamente colgados, vagando por grises paisajes casi desolados.

Este disco, está cargado de un fuerte componente emocional y el gran mérito de Whitehead, es el de haber podido plasmar tantas ideas, emociones y sentimientos en su música.

Como decía en un principio, este es un disco que sin lugar a dudas, sentó las bases de ese nuevo movimiento que estaba gestándose. En retrospectiva, parecería que Lurker of Chalice fue algo así como una bisagra. A partir de ese momento, la movida de Chicago tomó un nuevo rumbo. Parecería que el resto de sus compañeros asumieron la idea y los conceptos de este nuevo estilo, para introducirlos en sus respectivas bandas y de desde allí, gestar esta nueva vanguardia que se mantiene vigente hasta estos días. Hoy en día, quiérase o no, este es un disco de referencia obligatorio.

Para cerrar esta tortuosa reseña, creo que cada uno ya puede hacerse una idea de lo que puede pasar por la cabeza de Jeff Whitehead.

Para mí, sin lugar a dudas, con todo el caos y conflictos personales que puede llevar adentro, Wrest para mí, es uno de los músicos más emblemáticos y vanguardistas de la movida norte americana. Un tipo que se arriesgó a innovar, a llevar las cosas al extremo y romper con los moldes y estereotipos.

Disfruten de este disco. Disfruten de este brillante en la oscuridad!