martes, 31 de octubre de 2017

Scream Bolivia 2017


Contra todo pronóstico, se puede decir que el Scream Bolivia fue un éxito. Y creo que hay que ser muy sinceros al respecto, la cartelera no era atractiva, muchas bandas fueron cancelando y al final el evento se convirtió en un acontecimiento de segunda mano, con solistas casi irrelevantes en la escena internacional. Por eso el público dudó, y faltó gente para el concierto. Yo mismo dudé en asistir y lo hice porque la mano justiciera del destino encaminó mis pasos hasta cierto hotel en cuyo lobby Gene Simmons tomaba un café. Fui por convicción ideológica, sin grandes expectativas, y quedé agradablemente sorprendido. 


A las 16:15, cuando ingresaba al Teatro al Aire Libre, Alma Eterna ya había comenzado su set. Lo primero que llamó mi atención fue la calidad del sonido y la banda lo hizo muy bien, con una gran presencia escénica, buenos instrumentistas, fue una excelente manera de comenzar el espectáculo. El escenario en sí también lucía muy bien, me sorprendió mucho el profesionalismo con el que se manejó el evento, algo bastante inusual en un país caracterizado por su informalidad. No era la primera vez que veía a Alma Eterna, pues es la banda candente de la escena, pero era la primera vez que la podía escuchar con claridad; pues el sonido es una notable deficiencia en los conciertos locales, no hay buenos equipos y tampoco hay buenos profesionales. Eso bastó para despertar mi curiosidad, y cuando pille el disco lo escucharé con detenimiento.


Lo único verdaderamente reprochable, es el tiempo transcurrido entre banda y banda. Hay que reorganizar el escenario, probar el sonido, se entiende que no es una tarea sencilla, pero esas pausas largas rompían con la energía del concierto. Entre tanto la gente podía comer, aunque el aburrimiento era bastante perceptible. Malón tomó el escenario, nunca he sido fan de bandas latinas, estoy consciente que Hermética fue un paso decisivo en el metal latinoamericano, pero nada más. La banda tuvo una prestación impecable, quedé muy impresionado por el trabajo vocal, pero Malón se quedó corto, no tuvo una buena interacción con el público, los músicos parecían frustrados; sobre todo el vocalista, se comportaba como si estuviera incómodo; y si bien el set fue impecable, el concierto es un momento de comunión entre el artista y el público, algo que no aconteció y fue bastante raro. No obstante, el grupo hizo lo suyo y también despertó mi curiosidad.


Luego de una espera interminable, entró Tarja y fue momento apoteósico. Adoro como esa mujer canta y sin ella Nightwish no es lo mismo, pero tampoco es lo mismo verla a ella como solista. No conozco muy bien su trabajo fuera de la banda, pero sonó estupendo y el juego de luces le agregó mucho al concierto. Tarja fue uno de los puntos más destacados, tiene una gran presencia escénica, una voz incomparable y una gran interacción con el público, en un español casi perfecto valga la aclaración. Pese a un pequeño resbalón y la consternación del personal de apoyo que tardó en responder, fue un set impecable de principio a fin.


Después de incontables minutos de ansiedad extrema, comenzó a sonar Bad to Bone dando inicio al set del legendario Dee Snider. Al igual que en el caso anterior no es lo mismo verlo a él como solista que ver a Twisted Sisters; nunca he sido fan de esa banda, tenía un cassette de grandes éxitos que fue engullido por los avatares de la historia. Durante mucho tiempo, manifesté mi horror por toda la estética de los 80 y Twisted Sister parecía encarnarla a la perfección. Pero Snider tiene un dominio total del escenario, tiene un carisma inigualable, sabe cómo amansar a cualquier público. Canta con mucha fuerza y convicción, pese a los años su voz conserva su vigor. Como él mismo lo anunció, el set mezcló clásicos de la banda, con canciones de su nuevo disco, We Are The Ones, y algunas sorpresas. Entre las cuales destaca un cover de Nine Inch Nails, Head Like a Hole, un cover de Soundgarden, Outshined, en tributo a Chris Cornell; siendo un momento bastante emotivo, al igual que una breve mención a Dio y una versión muy interesante de We're Not Gonna Take It, dedicada a todas las víctimas del terrorismo internacional. Con ello, Snider demostraba porque tiene bien merecido su estatus de leyenda. En realidad, él debió haber cerrado el show, pues opaca la prestación de todas las otras bandas. Hizo algunas referencias a Simmons, pues entre Kiss y Twisted Sisters hubo ciertas fricciones, y como bien lo dijo el vocalista, si Kiss tiene el himno nacional del rock and roll, Snider cerró su performance con el himno internacional del rock and roll: Highway to Hell y se robó el show.


Difícil rivalizar con un frontman de ese calibre y justamente, Gene Simmons no es un frontman y cuando interactúa con la audiencia es un poco raro. Fue el plato fuerte, la razón por la cual asistí a ese concierto y la verdad es que fue un set muy entretenido. Simmons tiene un carisma peculiar y se lo veía contento en el escenario. Hay que destacar el gran trabajo que hizo la Kiss Army Bolivia, yo creo que esa devoción de los fans le cayó muy bien al bajista; le encanta ser el centro de atención y mal que mal, en Bolivia, hay una sólida base kissera, y para esa comunidad fue el acontecimiento más extraordinario en décadas, y creo que Simmons lo sintió de esa manera. Se mostró muy agradecido con el público y con los fans. Sin embargo, creo que daba lo mismo ver a una banda tributo. Sonó bien, pero Kiss es un espectáculo visual, sin su armadura plateada Simmons es solo un viejito excéntrico y bastante cachondo. Pocas sorpresas en sí, pero lo disfruté: es una pequeña realización personal. Fue una bonita experiencia escuchar a Simmons cantar esas canciones que son parte de mi vida. Deuce, Cold Gin, Parasite, War Machine, son canciones que adoro; fue interesante incorporar Domino al set, es una canción que Kiss debería volver a tocar, y la sorpresa fue Charisma, rara vez interpretada en vivo. El set cerró de manera tradicional con Rock and Roll all Nite y fue una fiesta, con el público que empezó a subir al escenario y a llenar los espacios vacíos en las graderías. Fue un buen momento, una linda experiencia y una bonita noche. Y lo que es más importante, Simmons hizo una promesa: de regresar con Kiss, y espero que la cumpla, pues en este pequeño país tercermundista también adoramos a esa banda y sus trajes despampanantes, el espectáculo más arrogante del mundo.

Realmente todo funcionó casi a la perfección y muestra que en Bolivia se pueden hacer conciertos y festivales con profesionalidad, por eso mismo hay que apoyar todas estas iniciativas. Tal vez al año la cartelera sea más interesante y cumpla mejor con las expectativas.

  

1 comentario:

Machi dijo...

Excelente reseña del Scream querido George! Efectivamente, la gente que pudo asistir concuerda que fue un buen festival. Como bien dices, estas son iniciativas que deben apoyarse para que sigan creciendo.

Un fuerte abrazo!